
La proliferación de contenido automatizado de baja calidad plantea un desafío urgente para medios, creadores y audiencias: ¿quién separará lo valioso del ruido generado por sistemas de inteligencia artificial sin criterio humano?
El ecosistema digital está inundado de textos, imágenes y videos creados por inteligencia artificial sin supervisión editorial. La velocidad de producción supera la capacidad de verificación, y la llamada “basura informativa” se multiplica en redes sociales, plataformas de video y motores de búsqueda.
No se trata de rechazar la tecnología, sino de reconocer que la automatización sin criterio erosiona la confianza. Deepfakes, artículos genéricos y contenido repetitivo compiten por atención en un mercado donde la calidad es cada vez más difícil de identificar.
Frente a este escenario, la respuesta no es producir más, sino producir mejor: con fact-checking riguroso, identidad clara y presencia humana verificable.